Valentino el Gitano

Leyendo el ultimo post del blog del SIMI ( http://simioficial.blogspot.com/ ) recordé una amistad especial que tuve hace un par de años... Valentino el Gitano... no era gitano, era su nombre artístico. Recuerdo que fui a una despedida de soltera en un local de dudosa reputación hace varios años atrás, fue divertido; hombres semi desnudos bailando para nosotras, música picante, concursos de baile caliente, etc... Aquel lugar abría como discoteca los sábados, y como era de esperarse terminé ahí con un par de amigas una noche de vergonzosa borrachera. Por supuesto que tratamos de entrar gratis. Luego de un par de coqueteos al portero, lo logramos. Estuvimos como diez minutos y nos fuimos. Cuando iba caminando hacia mi auto, el portero me llama y me entrega unas invitaciones al femenino del día jueves. Me dice: “Para que me veas hacer lo que sé hacer”. “Ok” dije yo, y toda esa semana organicé un grupo de féminas amigas para ir a ver “lo que realmente el amigo sabía hacer”. Efectivamente el jueves el amigo abrió el show, pero creo que lo hacía mejor de portero... Su cuerpo no era de lo mas agraciado y su rostro me recordaba al cantante chileno Pablo Herrera. Para mas remate, su vestuario era común y corriente, jeans y polera (no entendí jamás por qué lo presentaban como Valentino el Gitano, si de gitano no tenía nada). Imagínense a un vedetto gordito, sentándose en el escenario para sacarse el jeans. Horror. Fue una noche divertida. Incluso me gané un trago por mi performance de “You can leave your head on”. Bueno, le dimos las gracias a Valentino por la invitación y él se quedó toda la noche con nosotras. Tierno. Nos hicimos amigos. Terminé conociendo a su familia, incluso me ofreció un “privado” el cual por supuesto rechacé (no, muchas gracias). No fue una amistad muy larga; terminó declarándome su amor y yo para no herir sus sentimientos diciéndole que realmente no me interesaba en lo más mínimo como hombre, le dije que era demasiado celosa y que no podría convivir con su trabajo. Acto siguiente me dice que renuncia. ¿Qué me quedó por hacer? ¡Correr! Me comporté como un hombre y huí lo más rápido posible de ahí. Lo vi un par de veces merodeando mi casa de estudios y supe que había dejado los escenarios y que estaba estudiando ingeniería en minas... Irónico ¿no?