¿Monstruo él o yo?

Fui a un colegio mixto… Y a temprana edad descubrí mi debilidad y atracción hacia el sexo opuesto. Mis noches se llenaban de imágenes adolescentes de amores platónicos y mis mañanas no se lamentaban con el cruel sonido del desafinado despertador… sabía que llegando a clases mi día se iluminaría al verlo… mi amor imposible de turno. Por supuesto que en ese minuto la tarea me daba lo mismo, lo importante era verme guapa para llamar su adolescente atención. Algunas veces resultó, otras no. Aunque generalmente he logrado conseguir mis objetivos… como dice una amiga: “Donde pongo el ojo, pongo la mano”. Claro, al pasar el tiempo me he dado cuenta de que el problema no es mi mano sino mi ojo. Se habrán dado cuenta que he comido pastel tras pastel, tanto que he terminado con una indigestión severa. El problema es que a veces llega un hombre que parece ser muy bueno y resulta ser mi peor pesadilla; o viceversa: llega uno que parece ser bueno y es tanto lo que le busco lo pastel que termino yo siendo un monstruo celoso e invasivo para él (eso me recuerda un capitulo de Sex and the City). Me imagino veinte mil cosas que despiertan mi paranoia… pero muy cool, nunca asumiéndolo frente a él, capaz de pasar la noche entera en vela, aguantándome las ganas de llamarlo y saber qué está haciendo y con quien… si, me transformo en un animalito digno de ser enjaulado. Y pienso que a lo mejor solo me bastan las palabras claras, un: “no te preocupes, no te voy a engañar” y todo estaría bien, confiaría ciegamente en él y me dormiría en sus brazos suspirando una historia que se da permiso para comenzar…